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Parques Nacionales: Lugares que debemos conservar

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Parques Nacionales: Lugares que debemos conservar

Comenzar este artículo diciendo que la bicicleta es libertad, es equilibrio, es comunión con la naturaleza, serían palabras ya sabidas para todos los lectores de una revista como esta, pues quienes andamos en bicicleta reconocemos en el andar y en el pedaleo y en ese viento en la cara una filosofía de vida: no solo un deporte, no solo recreación, no solo una manera de pasar momentos conectados con la naturaleza. Al conocer Japón, una de las cuestiones que más me fascinó fue reconocer estas mismas cualidades en una sociedad y en un país que se guía por el orden, por el equilibrio, por la armonía, por la integración del cuerpo, la mente y el entorno, y fue así que logré entender esta ceremonia tan profunda, tan transformadora para mí, que fue conocer la lejana isla nipona desde mi propia bicicleta.

Mis viajes en fotos

Pero antes de adentrarme en Japón, voy a contarles: soy fotógrafa hace 30 años, mi vida la he dedicado a traducir en imágenes aquello que gobierna mis sentidos, a través de las imágenes me comunico, y así, cuando comencé estos viajes acompañada de mi bicicleta, sentí esta pulsión interna y esta necesidad de registrar los impactos a mis sentidos y plasmarlos en fotografías. 30 países, tres continentes, miles de pueblos y ciudades. Innumerables fotografías que transformé en mi proyecto artístico: elegí a las bicicletas como protagonistas de mi arte. Las bicicletas, la propia y cientos que voy encontrando por allí, material que resultó en varias exposiciones y en la edición de dos libros, el primero Bicicletas en Foco (2018) y en este de reciente edición, Japón desde mi bicicleta.
Mi amor por la bicicleta viene desde la infancia, compañera de juegos para descubrir al mundo, aquel pequeño mundo que suele ser nuestro reino en los primeros años: nuestra cuadra, nuestro barrio y, en alguna aventura loca, ir un poco más allá.
Ya de grande hice de ese “descubrir al mundo” una cuestión absolutamente literal y así fue como hace unos 10 años comencé a viajar llevándomela siempre conmigo, en mi maleta: mi bicicleta plegable, cruzando océanos, poniendo pie en nuevos continentes.
En estos viajes yo no hago cicloturismo, simplemente siento la bicicleta como parte de mi vida y así como lo hago en mi propia ciudad (Buenos Aires) me gusta conocer aquellos países, ciudades y pueblos que visito pedaleándolos, perdiéndome por sus calles y los rincones que descubro al ritmo del pedal. Y así como en la infancia, descubrir esos nuevos territorios y perderme en sus laberintos.
En estos viajes yo llevo mi propia bicicleta plegable. La pliego y la despliego según la necesidad de cada lugar. Los tramos largos los hago en otros transportes: trenes, barcos, aviones, pero ni bien llego al sitio que quiero visitar, la bicicleta es mi aliada indiscutida en esta manera que tengo de hacer turismo

Mi encuentro con Japón

En esos viajes por el mundo, un día, por azares del destino (y de las ofertas aéreas), me encontré en… Japón. Y el mundo se me dio vueltas, literal y metafóricamente. (Si trazásemos un eje recto a través del globo terráqueo, Argentina se encuentra exactamente en el extremo opuesto a Japón.)
Fui a Japón a encontrarme con lo inesperado, con lo sorpresivo. Y, efectivamente, me topé con el asombro, con lo distinto. Así recorrí este prodigioso país y con mis ávidas cámaras tomé un riguroso y exhaustivo registro de ello que, a mi regreso, y con más de 10.000 fotografías tomadas durante el viaje, se transformaron en mi segundo libro.
Al recorrer Japón en bicicleta pude, en ella y a través de ella, encontrar el nexo de unión con este punto geográficamente tan distante y tan disímil en tantos aspectos al mío. Me ayudó no sólo a entender mejor sus interrelaciones, sus modos, costumbres y sus dinámicas urbanas, sino que también me llevó a comprender, decodificar y traducir ese asombro inicial.
A través de mis fotografías busqué un registro tanto físico como sensorial para hacer visible lo invisible y poder contar más fielmente el asombro y la fascinación que despierta Japón en quienes viajamos desde el otro extremo del globo terráqueo y nos aventuramos a sus enigmas por primera vez. Pues de eso se trata la fotografía: captar la esencia más profunda de las cosas, de las personas y de las culturas. Hacer de las imágenes un relato breve que abra esa puerta para ver más allá de la foto misma.
En Japón las sensaciones son como un torbellino, un asombro constante, la sorpresa y el deslumbre: esa mezcla de modernidad y tradición que hacen de Japón un lugar único.

Las bicis en Japón

Por donde sea que miremos, Japón está lleno de bicicletas, muchas por las calles de las grandes ciudades y en cada lugar a visitar hay estacionamientos especialmente demarcados para estacionarlas. Algunos tradicionales y otros que parecen venidos del futuro más tecnológico. Esos que muestran en videos, automatizados, donde uno introduce la bicicleta y una serie de mecanismos automatizados la toman, la descienden unos cuantos pisos abajo y luego para retirarla hay que apretar unos botones y un código para que el mecanismo la devuelva.
Lo primero que me llamó la atención, sin embargo, al legar a Tokio, es que, habiendo tantas bicicletas circulando y en una ciudad de más de 30 millones de habitantes, solamente vi una bicisenda. Y observé que, si bien muchos ciclistas circulan por las calles entre el tránsito, muchísimos más aún circulan por las veredas. Al principio esto me extrañó, conociendo la bien merecida fama que tiene la sociedad japonesa de ser tan ordenada. Pero luego, al pasar los días y conocer un poco mas de sus costumbres, entendí el porqué: son, justamente, tan respetuosos, que jamás harían maniobras que pusieran en riesgo a otro peatón, actuando con el mismo respeto y cuidado, aun pedaleando, de como lo hacen caminando. Todos se respetan a todos y no existe la necesidad de “proteger” al ciclista en ciclovías especiales, ni tampoco excluirlos de ninguna zona peatonal.

Trasladando la bici por Japón

Donde sí son muy estrictos es en el traslado de las bicicletas en medios de transporte, sea tren, tranvía o barco. En todos ellos, a partir de la primera puerta de acceso a la estación es obligatorio, tratándose de bicicletas plegables, que las mismas estén contenidas en un bolso, sin ninguna parte de la bicicleta que exceda ni asome por fuera del bolso transportador.
Y por último. lo que más me sorprendió es la seguridad de sus calles, aún en grandes ciudades: las bicicletas duermen sin candados ni cadenas, y… allí están al día siguiente.

El libro

Todo este viaje en bici a Japón devino en la edición de mi segundo libro, Japón desde mi Bicicleta, en donde priman las imágenes pero también sumé textos explicativos, detalles que me sorprendieron o características de los sitios que visité. Además vinculé las imágenes a vocablos japoneses, explicándolos y también hay videos, convirtiendose así en una especie de libro interactivo.
Un libro siempre es una invitación a viajar, y a través de este libro busqué acercar al lector una experiencia más completa mediante códigos QR incluidos en las páginas, que llevan a videos y completan la experiencia con movimiento y sonidos, proponiendo una vivencia sensorial que trascienda las páginas impresas para viajar por un rato al milenario y moderno país donde nace el sol. (Nippon significa el origen del sol).
Por supuesto que el titulo Japón desde mi Bicicleta no es anecdótico, pues observar cualquier lugar nuevo desde una bici ofrece una perspectiva diferente y eso intenté que transmitiesen mis imágenes. El asombro y el disfrute que me da la bicicleta desde mi infancia y que continúa en mi adultez, y su importancia en cada aspecto de mi vida. Y por si eso fuese poco, el enorme placer de haberle dado, en mi obra artística, el lugar que merece la bicicleta. Porque no es solo deporte, no es solo recreación, no es solo salud y sustentabilidad, la bicicleta es un modo de ver la vida y, a mis ojos de fotógrafa, las bicis son poesía que intento traducir en las miles de imágenes que conforman mi obra.

Por Floral Zu*

La autora es fotógrafa, diseñadora gráfica y profesora de diseño en la Universidad de Buenos Aires. Libros editados: Japón desde mi bicicleta (2020) y Bicicletas en foco (2018).
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