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Cómo elegir luces para tu bicicleta

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Cómo elegir luces para tu bicicleta

Normativas al margen, adquirir unas buenas luces para tu bicicleta te va a permitir disfrutar todavía más tiempo de tu afición al ciclismo. Y con más seguridad.

¿Cuál es la mejor opción de compra? Pues no existe una única respuesta. Depende de la modalidad ciclista que practiques, ya que cada una tiene sus particularidades. No es lo mismo emplear luces para alertar de tu posición en carretera que utilizar focos para negociar trialeras con la bici de montaña.

La oferta de luces en el mercado es gigantesta y antes de comprarlas deberías preguntarte: ¿Para qué las necesito? ¿Qué tipo de rutas voy a hacer con ellas?

La potencia de unas luces para bicis está condicionada por el número de lúmenes. ¿A que te suena? Se trata de un valor que aparece (o debería aparecer) en las especificaciones de cualquier luz para bicicleta.

El lumen es la unidad de medida que define el nivel de iluminación de nuestro dispositivo. Indica la cantidad de luz que emite en un periodo de tiempo determinado. Digamos que determina la intensidad; lo brillante que es la luz.

Hay luces para bicicletas de 5 lúmenes y las hay de 4.000 lúmenes, incluso de 8.000. Y lo que está por llegar…


Si quieres hacerte una idea, mira el vídeo de este modelo de luz frontal Magicshine. Una de las más potentes que puedes encontrar en el mercado, ¡con sus 8.000 lúmenes!

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Aquí hay que entender una cosa, sobre todo al referimos a luces delanteras.

Esos lúmenes pueden concentrarse o focalizarse hacia un punto, o comprender un radio de acción amplio. Similar al efecto del zoom de una cámara, para entendernos. Esta circunstancia es determinante para percibir una luz como muy luminosa o poco luminosa.

Es decir, una luz potente (con muchos lúmenes) no tiene por qué ser necesariamente la que necesitas. Si su radio de acción es muy amplio, iluminará mayor superficie, pero será más tenue. Dará otro tipo de información sobre el terreno. Ni mejor, ni peor: diferente.

La luz más potente no siempre es la que ilumina mejor.

De hecho, puede que una luz menos potente cumpla mejor su función porque, además, puede tener más autonomía y resultar más económica. ¿Se entiende?

Por otra parte, no todas las marcas emplean el mismo método para medir lúmenes. No te fíes de presuntos chollos en tiendas no especializadas o de marcas completamente desconocidas.

Ciclista en bicicleta con luces
Imagen: Dieter_G / Pixabay.

Otro tema capital asociado a las luces para bicicletas es su autonomía. Es un aspecto variable que depende de muchos factores: de la fuente de alimentación, del modo de uso, de los lúmenes, de las condiciones medioambientales, etc.

Algunas incluyen pilas alcalinas, e incluso pilas de tipo botón. Pero si hablamos de frontales, unas buenas luces funcionarán, normalmente, con baterías recargables de litio.

Casi todas se recargan vía USB a través de un cable, aunque también las hay con este puerto integrado en su estructura para más comodidad.

Comprar luces con baterías recargables siempre es una buena idea; normalmente, de la clase 18650. Las de pilas normales o de botón corresponden a luces modestas y menos fiables. Te pueden sacar del apuro en un entorno urbano, pero poco más.

No olvides que las baterías tenderán a degradarse con el paso del tiempo. Eso algo inevitable, por lo que ten siempre a mano juegos de repuesto.

Al hablar de baterías, hay que subrayar que existen dos posibles configuraciones: luces con batería interna (integrada) y luces con batería externa. De ellas hablaremos más adelante.

Para aprovechar al máximo la energía y no quedarte sin luz en mitad de una ruta, lo mejor es emplear el modo de iluminación correcto en cada situación. Si pedaleas por una zona bien iluminada, guarda para cuando la cosa se ponga fea. Oscura, mejor dicho.

En este sentido, puedes encontrar luces con un dispositivo de seguridad que gestiona la intensidad de la luz en el momento que detecta que la carga está llegando a su fin. Ello te puede salvar de un buen apuro.

La instalación de las luces en tu bicicleta

Un asunto a tener en cuenta es el modo en que las luces se instalan en la bicicleta.

Las luces más simples suelen venderse con unos pequeños aros de caucho que se abrazan al manillar o a la tija del sillín. La ventaja es que son fáciles de instalar y que se adaptan sin problema a tubos con diferentes secciones. La misma instalación suele aplicarse a la luz delantera y a la trasera.

Un escalón más en seguridad son las luces que emplean abrazaderas de plástico resistente o de metal. Con frecuencia, se aseguran con pernos o tornillos, lo que permite instalar casi cualquier foco, por pesado que sea, sin temor a que se mueva de su posición. Es el tipo de acople más común para el uso de focos más específicos.

Muchos modelos de luces con batería integrada incluyen su acople para la bici de forma separada. Es lo recomendable. Pero también existen modelos cuyo acople forma parte de la misma estructura del foco. Tenlo en cuenta a la hora de realizar tu compra, ya que no siempre existen repuestos en caso de rotura.

Luz en tija de sillín de carretera

Otra de las cuestiones importantes es la resistencia contra el agua. Existe un código IP que determina el grado de protección en este sentido, y que consta en el propio embalaje del dispositivo. Las luces con denominación IP4 ofrecen resistencia a las salpicaduras, mientras que el código IP7 indica una resistencia dentro del agua de hasta 30 minutos.

Algunas luces delanteras permiten no sólo recargar sus propias baterías, sino también recargar cualquier otro dispositivo electrónico gracias a la presencia de puertos USB. Esta cuestión es particularmente interesante en el caso de rutas de larga distancia

Luces para bicicletas de montaña

Las elección de luces para bicicletas de montaña es una cuestión delicada. Los debates entre bikers sobre iluminación son todo un clásico del MTB. De hecho, las marchas y salidas nocturnas son un atractivo asociado a esta modalidad ciclista. Si todavía no has hecho ninguna, te estás perdiendo un mundo nuevas sensaciones en bicicleta.

Aquí son los focos y luces frontales las que están en el centro del debate. Al pedalear por el monte, lo importante es ver, y no tanto ser visto, como ocurre en el ciclismo de carretera. Por eso, una luz trasera de 50 lúmenes puede ser suficiente si lo tuyo es rodar por senderos y caminos sin tráfico motorizado.

Ya hemos anticipado que existen luces con batería interna (integrada en un mismo dispositivo) y con batería externa (con foco y fuente de alimentación independientes).

Las luces con batería externa se unen a la fuente de alimentación con un cable. Normalmente, la batería viene con una funda protectora y algún cierre tipo velcro, lista para ser instalada en alguna parte del cuadro.

Foco de bicicleta con batería externa

Es ahí donde entra el juego la imaginación del ciclista. Lo ideal es que batería y lámpara se instalen muy próximas, de modo que el cable que las une asome lo menos posible por nuestra bicicleta. Además, deberás tener cuidado para que la batería no provoque fricciones en el cuadro de tu bici, especialmente si es de carbono.

Una gran ventaja de estas luces es que disipan buena parte del calor que se concentra dentro de las luces con batería integrada, lo cual puede dañar el sistema y provocarnos un serio disgusto. Esta circunstancia favorece, además, que el brillo de los leds del foco pueda ser especialmente intenso. Aquí se trata de encontrar el equilibrio entre la potencia y la durabilidad de las baterías.

Pedalear varias horas con una luz de batería interna a plena potencia multiplica en riesgo de tener un accidente.

Al adquirir luces frontales, tu prioridad será encontrar aquellas que te permitan anticipar el terreno. Por tanto, puede que tu primer impulso sea buscar luces con el máximo alcance.

Pero no siempre es la mejor decisión. Cuando pedaleas por caminos y senderos revirados, una buena luz que te permita visibilidad a unas decenas de metros es más que suficiente. Por lo tanto, evita pagar de más por unas luces que sobrepasan tus necesidades.

Lo más recomendable es combinar dos tipos de luces frontales: una o dos en el manillar que tengan un ángulo de luz abierto (en torno a 120º, más o menos), y otra para el casco, más focalizada. La primera te permitirá inundar de luz un campo visual amplio, más allá de los límites del camino. Con la segunda, podrás tener una visión perfecta de los accidentes del terreno.

Luz frontal para bicicleta de montaña
Imagen: AOMSIN / Pixabay.

Además, montar un foco en el casco te permite dirigir el haz de luz hacia donde apuntas la mirada. Con ello ganas en seguridad, especialmente al trazar curvas. Ya sabes que para negociarlas debes apuntar hacia la salida de las mismas. De esta forma las tendrás perfectamente iluminada.

En cualquier caso, existen también focos con lentes regulables que permiten ambas opciones. Y si no, siempre queda la opción de adquirir lentes baratas que se acoplan sobre la óptica del foco para lograr un efecto similar. No es una solución óptima, pero…

En cuanto a la intensidad, te aconsejamos que no te aventures con frontales de menos de 500 lúmenes. Uno de 1.500 lúmenes te aportará ya un rodar confortable, sin que el precio suponga un gran problema. En el mercado existen mil opciones con miles de lúmenes, pero son más caras y no suelen ser necesarias.

Luces específicas para bicicletas de carretera

Si lo tuyo es el ciclismo de carretera, no escatimes al comprar una buena luz roja trasera. Es primordial ser bien visible para el resto de usuarios de la calzada, incluso a plena luz del día. Procura, además, que emita luz en un ángulo amplio (idealmente, 180º), de modo que seas igualmente visible lateralmente.

Aunque no existe una norma, deberías buscar dispositivos de, al menos, 100 lúmenes.

En España, la normativa dicta que los ciclistas debemos llevar las luces encendidas delante y detrás siempre que circulemos de noche, al atravesar túneles o pasos inferiores, y cuando las condiciones meteorológicas así lo requieran.

Una luz trasera intermitente y visible a la luz del día es la medida más eficaz para alertar de nuestra presencia a otros vehículos.

Casi todas se acoplan al tubo del sillín mediante una banda elástica regulable. Como si fuera un diminuto cinturón . También existen modelos con accesorios que permiten acoplar la luz en los raíles del sillín. De este modo, queda más fija e integradas en la bici.


En el siguiente vídeo, puede ver una presentación de lo que actualmente es, posiblemente, la luz trasera de moda entre los ciclistas de carretera: la Bontrager Flare RT.

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Aquí deberías tener en cuenta el diseño de la tija. Si es un modelo reciente de carretera aero, es posible que tenga forma de cuña. En tal caso, al contar con un diámetro mayor de lo normal, pueden dificultar la instalación de tu dispositivo.

Es habitual que el acople no se adapte perfectamente a la forma del tubo y acabe descolocado con el paso de los kilómetros. Además, las bandas elásticas pueden sufrir un sobreestiramiento que acaba estropeando la goma. No es grave, pero tenlo en cuenta.

Para circular de noche, una luz montada en el manillar con batería interna puede ser tu mejor opción. En cuanto a la potencia, te recomendamos entre 200 y 400 lúmenes, dependiendo de si te mueves por ciudad o carretera.

Las luces actuales tienen posiciones fijas e intermitentes con distintos grados de intensidad. Adáptalas a las condiciones de luz ambiental para ahorrar batería.

Una opción es adquirir luces inteligentes que se adaptan automáticamente en función de la luz natural. Es una de las muchas innovaciones tecnológicas introducidas en este segmento de accesorios durante los últimos años.

De hecho, ya todas las luces de última generación son controlables vía aplicación móvil en tiempo real, y compatibles con muchos ciclocomputadores y demás dispositivos electrónicos.

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